Biblia Sagrada

La Visión de Juan en Patmos

La piedra de Patmos era áspera bajo sus rodillas, un recordatorio constante del exilio. El viento salado del Egeo traía consigo un frío que calaba hasta los huesos, un frío distinto al de Galilea. Juan, ya anciano, sentía el peso…

La Casa del Hijo

Aquella tarde, el sol de otoño se colaba oblicuo por la ventana del aposento alto, dibujando un rectángulo de luz cálida y polvorienta sobre los tablones de madera. El aire olía a incienso rezagado y a lana húmeda. En el…

Cadenas que Cantan a Filipos

La humedad del calabozo se filtraba entre las piedras, un frío que no era del todo ajeno al recuerdo del rocío en los caminos de Macedonia. Pablo apoyaba la espalda en la pared áspera, sintiendo el crujir de las articulaciones,…

El Desierto en el Corazón

El aire sobre el desierto temblaba, cargado de un calor que hacía vibrar el horizonte. No era el calor seco y límpido del mediodía, sino el peso opresivo de la tarde, cuando el sol, ya declinante, parecía extraer hasta el…

La Resurrección de Lázaro

El camino a Betania estaba polvoriento bajo el sol implacable. Jesús caminaba en silencio, un paso tras otro, y sus discípulos intercambiaban miradas inquietas. Solo unos días antes, habían recibido el mensaje urgente, las palabras sencillas y desgarradoras: “Señor, el…

La Voz y el Bautismo en el Jordán

El calor en el valle del Jordán no era como el de ningún otro lugar. Era un calor húmedo y pesado, que se posaba sobre los hombros como un manto de lana mojada, y olía a tierra agrietada, a juncos…

Corazón y migajas en Tiro

El aire en la costa de Tiro y Sidón olía a sal y a tierra húmeda. Yeshúa había buscado aquel recodo del Imperio, un lugar de sombra bajo los techos de tejas romanas y el murmullo del griego comercial, para…

La Visión de los Mirtos

El aire en Jerusalén olía a polvo y a esperanza. Un olor agrio y dulce a la vez, como el vino cuando comienza a avinagrarse pero aún conserva un atisbo de su dulzor original. Era el mes de Sebat, el…

El Rugido del León

El aire en Tecoa olía a tierra seca y a hierba mustia. No era el olor del pasto fresco que conocían las ovejas, sino el aroma agrio de la llanura bajo un sol inclemente. Amós, con los callos de las…

La Puerta del Príncipe

El aire olía a tierra húmeda y a hierba quemada, el olor perpetuo de la mañana en los patios del nuevo Templo. Eliab, un sacerdote de la línea de Sadoc, apoyaba la palma de la mano en la piedra fresca…