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El Duelo de Jerusalén

El calor del día cedía ante una brisa vespertina que subía desde el valle del Cedrón, trayendo consigo el olor polvoriento de la tierra y el aroma lejano de los rebaños. Jerusalén, en aquel tiempo, era una ciudad de pesos…

La Oración y la Profecía de Daniel

El aire en la habitación alta era denso y quieto, como si el polvo de los años se hubiera asentado no solo sobre los rollos, sino sobre el alma misma del hombre que allí oraba. Daniel, ya muy anciano, sentía…

La Firma sobre las Ruinas

El sol, un disco de bronce fundido, se hundía tras las colinas de Moab, alargando las sombras de las ruinas que yo, Ezequiel, contemplaba desde la llanura. No eran mis ojos, sino los del Espíritu, los que veían. El aire…

El Susurro de la Profecía Babilónica

El sol de Mesopotamia era un mazo que golpeaba sin piedad. Sobre Babilonia, la reina de los ríos, el calor se posaba como una losa de bronce, haciendo brillar los ladrillos esmaltados de la puerta de Ishtar con un fulgor…

El Alfarero y el Barro

El calor de la tarde en Jerusalén tenía una cualidad pesada, como un manto de lana húmeda sobre los hombros. El polvo, levantado por el ir y venir de la gente por la Puerta de los Pescadores, se colaba por…

El Mensajero del Amanecer

El alba no llegó con colores. Llegó con un susurro, un rumor que se colaba por las grietas de las puertas de madera podrida en la Ciudadela. Eliab, hijo de Yair, estaba en el muro norte, el que daba al…

El profeta desnudo

El sol de la tarde, pesado y cobrizo, se inclinaba sobre los tejados de Jerusalén. En el valle del Cedrón, el aire olía a polvo caliente, a excremento de cabra y a la humedad tenue que subía de los cántaros…

Bajo el Sol de la Neblina

El sol de la media tarde en Jerusalén tenía una cualidad pesada, dorada y polvorienta, que parecía aplastar el jadeo del calor más que iluminar la ciudad. En mi estancia, las sombras se alargaban como dedos oscuros a través de…

El Atajo del Perfume Mortal

El aire de la ciudad, al caer la tarde, olía a pan recién horneado y a polvo caliente. Elisha, el hijo menor del mercader Joram, caminaba con paso distraído por la calle de los Alfareros. No llevaba prisa. Su padre…

El cerco y los montes eternos

El humo de los hogares de Jerusalén subía lento, en espirales perezosas que el viento de la tarde deshilachaba contra el cielo morado. Yo, Yohanán, apoyado en la piedra fría del parapeto, sentía el cansancio de todo el día en…