El Viaje del Levita y la Concubina
El calor comenzaba a ceder, transformándose en un bochorno pesado que anunciaba el ocaso. El levita ajustó el talabarte del asno con movimientos lentos, de hombre cansado. Había estado cuatro días completos en la casa de su suegro, en Belén…
La Batalla de las Aguas de Merom
El frío de la noche se aferraba todavía a los pliegues de los cerros cuando Josué salió de su tienda. El aire olía a tierra húmeda y a cenizas de hogares recientes. No era el olor de la paz, sino…
El Pacto y el Becerro
La tarde se derramaba sobre las casas de barro y piedra de Gabaón como aceite espeso y dorado. Eleazar, sentado en el umbral de su casa, sentía el peso del calor que se negaba a ceder. Observaba a sus hijos…
El velo y la promesa rota
La tierra olía a polvo y a calor. Un calor espeso, que pesaba sobre los hombros como un manto de lana húmeda. Judá, separándose de sus hermanos, había bajado de las colinas de Hebrón hacia la llanura, buscando no solo…
El Arca en un Mundo de Ceniza
El calor era pegajoso, como una segunda piel sobre la tierra. En aquellos días, el aire olía a polvo caliente, a incienso barato quemado en altares improvisados, y a algo más, algo rancio que se colaba desde el corazón de…
La Prueba de Elí
El sol de mediodía caía a plomo sobre las laderas de la aldea, convirtiendo el polvo del camino en una fina capa blanquecina que se adhería a los pies y a las sandalias. Elí sentía el peso del calor como…
La Carta en el Taller de Lucas
El sol de la mañana, un disco pálido tras la bruma que ascendía del Egeo, comenzaba a calentar los adoquines de la calle principal. En el taller de Lucas, el olor a madera de ciprés recién cortada y a aceite…
La Paz de la Cruz
Lo recuerdo como si fuera ayer, aunque han pasado ya muchos años. No era un día especial, al menos no al principio. El polvo del camino se me colaba entre las sandalias y el calor, ese calor pesado de mediodía,…
La Ascensión y la Elección
El aire aún tenía esa frescura del alba, cargado con el olor a tierra húmeda y romero silvestre. Sobre la ladera del Monte de los Olivos, la luz era de ese color ceniciento que precede a la claridad, tornando las…
Unción, Traición y Lágrimas
La ciudad olía a cordero y a miedo. Era el primer día de los Ázimos, y una tensión peculiar, afilada como cuchillo de piedra, se cernía sobre Jerusalén. No era solo el bullicio habitual de la Pascua, con sus peregrinos…









