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El Testigo del Jordán

Lo recuerdo como si fuera ayer, aunque de aquel entonces me separan más años de los que puedo contar. No era más que un muchacho, con la sangre caliente y la cabeza llena de las preguntas que nos atormentaban a…

La Transfiguración y el Niño Endemoniado

La ladera aún guardaba el fresco de la noche. Pedro, con las sandías llenas de polvo fino y blanco de aquel camino pedregoso, se detuvo para ajustar la tira de cuero que se le había soltado. Más arriba, Jesús caminaba…

La Montaña de las Bienaventuranzas

El sol de Galilea no calentaba aquella mañana, sino que pesaba. Era una losa de bronce incandescente sobre los hombros y la nuca de la gente que subía, lentamente, por la vereda polvorienta. El aire olía a tierra reseca, a…

El Viento y la Cosecha

El aire olía a polvo y a hierba chamuscada. Era un calor pesado, el que aplasta los hombros y mete su jugo amargo entre los dientes. Ezequías apoyó la azada en la tierra agrietada y se enjugó el sudor con…

El Corazón Nuevo de la Tierra

El sol de la tarde, un disco opaco tras el polvo que siempre levantaba el viento, se inclinaba sobre las montañas de Israel. No eran montañas de verde y frescura, como cantaban los viejos. Eran lomas desdentadas, pedregosas, costras de…

La Carga del Barro

El sol de Babilonia no era como el de casa. Aquí, golpeaba con un peso seco y polvoriento, achicharrando la tierra del canal Quebar hasta convertirla en grietas torturadas. El aire olía a río cenagoso, a aceite de cocina ajeno,…

Carta de esperanza en Babilonia

El sol de Babilonia no calentaba como el de Judea. Era un sol pesado, dorado y opresivo, que caía sobre la llanura como una losa de bronce. El polvo no era el polvo familiar de los caminos de Anatot, sino…

El Guerrero del Lagar Rojo

El sol, un disco de bronce cegador, comenzaba su lento descenso sobre las colinas de Edom, alargando las sombras de los viñedos hasta convertirlas en manchas púrpura y alargadas. El aire olía a polvo caliente, a tierra agrietada, y a…

El León y la Roca Eterna

El calor en Jerusalén era del tipo que pesaba, un manto de aire inmóvil que olía a polvo caliente y a miedo. En las calles, el rumor corría más rápido que el agua en el torrente de Cedrón en invierno….

El Cántico en el Atardecer

El sol de la tarde, bajo y dorado, filtraba su luz entre los troncos de los nogales. El aire olía a tierra húmeda del riego reciente y a la dulzura pesada de las granadas maduras. Él estaba sentado en el…