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El Sueño de Cedro y Piedra

El sol de la mañana se posaba sobre Jerusalén con un peso dorado y polvoriento. Salomón, saliendo de sus aposentos, sentía el mármol fresco bajo sus pies descalzos, pero en su pecho ardía una brasa de inquietud sagrada. No era…

El Crepúsculo del Reino

La piedra de la explanada del Templo aún guardaba el calor del día, un calor pesado y polvoriento que subía por las sandalias. Zacarías, hijo de Yehoyarib, apoyaba la palma de la mano en un sillar, sintiendo su áspera textura,…

El Mensaje en el Barro

La lluvia había convertido el camino de Siquem en un lodazal oscuro. No era la lluvia buena, la que cae mansa y promete vida a los surcos; era una lluvia espesa, cortante, que golpeaba como un castigo contra la tierra…

El Arca y la Danza del Rey

El arca había estado tanto tiempo en Quiriat-jearim que los más jóvenes apenas recordaban su historia. Para ellos era una reliquia, una caja grande y dorada guardada en la casa de un tal Abinadab, donde su hijo Eleazar la vigilaba…

La Ley en la lana

El sol de la tarde, un disco de cobre gastado, se inclinaba sobre las colinas de Judá, alargando las sombras de los almendros hasta convertirlas en dedos oscuros que arañaban el polvo del camino. En el lomo de la cuesta,…

El Latido del Altar

El sol, un disco pálido tras la bruma matutina, empezaba a calentar las piedras del desierto cuando Aarón, mi tío, apoyó su mano huesuda en mi hombro. El peso de aquella mano, seca y surcada de venas, era el peso…

El Espíritu en las Manos de Bezalel

El aire en la base del monte aún olía a trueno y a piedra calcinada. Una quietud expectante, pesada como un manto de lana húmeda, se había adueñado del campamento. Moisés había ascendido de nuevo, desaparecido entre las nubes bajas…

El Pacto y el Nuevo Nombre

El calor se posaba sobre la llanura de Mamre como una manta pesada y antigua. Abram sentía el peso de los años en sus huesos, un cansancio que no era solo del cuerpo. Noventa y nueve veranos habían pasado sobre…

Cartas en la Prisión: Pablo a Timoteo

La humedad del calabozo se impregnaba en todo, un frío que calaba los huesos y no tenía que ver con el invierno que asomaba allá fuera, en Éfeso. Un olor a hollín, a cuerpo enfermo y a aceite rancio de…

Los Nombres de la Gracia

El aire en la estancia era espeso, cargado del olor a aceite de lámpara, cuero envejecido y el tenue aroma a incienso que siempre se le pegaba a la ropa de Erasto, el edil de la ciudad. Tercio, con los…