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Cosecha de Higos Podridos

El calor de aquel verano en Anatot era denso, como una manta pesada y polvorienta que se aferraba a la piel. Jeremías notó el aroma agrio de los higos que comenzaban a pudrirse en la rama baja de la higuera…

La Unción del Silencio

El polvo se levantaba en remolinos perezosos, arrastrado por un viento cálido que olía a tierra agrietada y a cardo seco. En la llanura, un hombre caminaba. No era un rey, ni un guerrero; su túnica era del color de…

El Escriba y la Mano Invisible

El sol de media tarde, ceniciento y pesado, se filtraba a través del polvo levantado por miles de pies y cascos. Bajo la tienda de campaña, el aire olía a cuero sudado, a aceite rancio de las armas y a…

La Justicia Bajo la Higuera

El sol de la tarde, ese sol viejo y sabio que todo lo ha visto, se inclinaba sobre los tejados de arcilla del pueblo, alargando las sombras como dedos cansados. En la plaza, el polvo levantado por los rebaños aún…

El Susurro de un Aleluya

El aire olía a tierra mojada y a hierba pisada. No era un olor del desierto, seco y polvoriento, sino un aroma denso, generoso, que subía desde los valles y se enredaba entre las calles de piedra de Jerusalén. Ezequías,…

El Salmo del Cronista

El aire en la cámara alta olía a polvo seco y a cera de abejas. Asaf, el cronista, no escribía; sus manos, surcadas de venas y años, reposaban sobre el pergamino vacío. Desde la pequeña ventana, el último resplandor del…

El Salmo del Corazón Quebrantado

El crepúsculo se arrastraba por las ventanas altas del palacio, un polvo dorado y triste que se posaba sobre los tapices y enfriaba los mármoles. David estaba solo, o más bien, era la soledad hecha hombre en aquella estancia demasiado…

El Sermón del Alba

El alba no llegaba con estruendo, sino como un susurro de luz que iba desgastando los bordes más oscuros de la noche. Elías, sentado en su habitual piedra plana frente a la pequeña heredad, sentía el frío húmedo del suelo…

Memoria en la Ceniza

El sol, un disco opaco tras un velo de polvo, se hundía sobre el desierto. El calor del día cedía, pero no así el frío que ahora habitaba en mis huesos. Me acomodé en el montón de cenizas, el áspero…

El Banquete de la Verdad

El aire en el aposento real era denso, cargado con el aroma dulzón del vino y de los manjares que ya nadie tocaba. Una tercera copa de oro, medio llena, reposaba frente al rey Asuero, quien reclinado sobre los cojines…