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La Tentación en el Desierto

El aire del desierto quemaba con un calor que no solo venía del sol. Era una sequedad que resquebrajaba los labios y hacía que cada respiración supiera a polvo y a soledad. Jesús llevaba cuarenta días y cuarenta noches en…

El Eco del Juicio Divino

El calor en Nínive era denso, un manto pesado que se posaba sobre los adoquines y hacía brillar el Éufrates como un espejo roto. En las calles, el olor a especias y estiércol se mezclaba con el perfume agrio del…

Horno de Corrupcion

El horno del panadero ardía con un fuego lento y traicionero. No era la lumbre limpia del sacrificio, ni el fuego sagrado que una vez descendió sobre el altar. Este era un calor húmedo, sofocante, que no purificaba sino que…

La profecía contra el monte Seír

El viento soplaba con una insistencia áspera sobre las alturas de Seír, arrastrando consigo el polvo rojizo de las montañas como si la tierra misma estuviera sangrando. Aquellas cumbres, antiguas y agrestes, se alzaban con soberbia contra el cielo plomizo,…

La Amarga Dulzura del Llamado

El sol de la tarde se colaba entre las grietas de la choza, calentando el polvo que danzaba en el aire espeso. Ezequiel se pasó la mano por la frente, sudorosa, y notó el temblor que le recorría los dedos….

El Yugo de la Verdad

El aire en el atrio del templo olía a incienso y polvo, a sudor de peregrinos y el aroma leñoso de las vigas de cedro. Jeremías sentía el peso del yugo sobre sus hombros, las correas de cuero frotándose contra…

La Alianza Equivocada

El calor pesaba sobre Jerusalén como un manto húmedo. A través de las rendijas de la persiana de madera, Ezequías veía cómo el polvo se levantaba en remolinos perezosos sobre los adoquines. No era solo el aire lo que estaba…

El Amanecer de Sulamita

El viento del norte había amainado por fin, y con él se llevó aquel aire frío que durante días había entrado por los resquicios de la ventana. Sulamita se levantó del lecho, sintiendo el mármol fresco bajo sus pies descalzos….

El Camino del Silencio

El sol de la tarde se colaba entre los olivos, pintando de oro los surcos polvorientos del camino. Abías, con su túnica raída y los hombros cargados de leña seca, caminaba despacio. No por la carga, que era liviana, sino…

El Escriba del Asombro

El pergamino estaba frío entre sus dedos, como si la piel de cabra curtida conservara aún el rocío de las noches del desierto. Ananías respiró hondo, sintiendo el olor a aceite de oliva e incienso que flotaba en el aire…