El Nombre de la Bestia
La arena del camino, fina y blanca como ceniza, se pegaba a mis sandalias. Hacía un calor espeso, el que aplasta los hombros y seca la garganta antes del mediodía. No iba a ningún lugar en concreto, solo huía del…
La arena del camino, fina y blanca como ceniza, se pegaba a mis sandalias. Hacía un calor espeso, el que aplasta los hombros y seca la garganta antes del mediodía. No iba a ningún lugar en concreto, solo huía del…