El Desierto en el Corazón
El aire sobre el desierto temblaba, cargado de un calor que hacía vibrar el horizonte. No era el calor seco y límpido del mediodía, sino el peso opresivo de la tarde, cuando el sol, ya declinante, parecía extraer hasta el…
La Resurrección de Lázaro
El camino a Betania estaba polvoriento bajo el sol implacable. Jesús caminaba en silencio, un paso tras otro, y sus discípulos intercambiaban miradas inquietas. Solo unos días antes, habían recibido el mensaje urgente, las palabras sencillas y desgarradoras: “Señor, el…
La Voz y el Bautismo en el Jordán
El calor en el valle del Jordán no era como el de ningún otro lugar. Era un calor húmedo y pesado, que se posaba sobre los hombros como un manto de lana mojada, y olía a tierra agrietada, a juncos…
Corazón y migajas en Tiro
El aire en la costa de Tiro y Sidón olía a sal y a tierra húmeda. Yeshúa había buscado aquel recodo del Imperio, un lugar de sombra bajo los techos de tejas romanas y el murmullo del griego comercial, para…
La Visión de los Mirtos
El aire en Jerusalén olía a polvo y a esperanza. Un olor agrio y dulce a la vez, como el vino cuando comienza a avinagrarse pero aún conserva un atisbo de su dulzor original. Era el mes de Sebat, el…
El Rugido del León
El aire en Tecoa olía a tierra seca y a hierba mustia. No era el olor del pasto fresco que conocían las ovejas, sino el aroma agrio de la llanura bajo un sol inclemente. Amós, con los callos de las…
La Puerta del Príncipe
El aire olía a tierra húmeda y a hierba quemada, el olor perpetuo de la mañana en los patios del nuevo Templo. Eliab, un sacerdote de la línea de Sadoc, apoyaba la palma de la mano en la piedra fresca…
El Ídolo y el Río
El aire en Babilonia olía a polvo caliente y a humo lejano. No era el olor de la lluvia sobre la tierra de Judá, ni el aroma de los hornos de pan en Jerusalén al atardecer. Aquí, el calor era…
Jeremías en el Templo
El sol de la mañana, un disco pálido tras una bruma de calor y polvo, se posaba sobre los muros de Jerusalén. Subir a la ciudad alta siempre dejaba el sér de uno cubierto de una capa fina y terrosa….
El Alfarero en el Destierro
La tierra de Babilonia olía a polvo y a olvido. Eleazar hundió los dedos en la grieta de la pared de adobe de su casa, una morada prestada en un país que nunca sería suyo. El calor, como un manto…









