En aquellos días, la palabra del Señor vino a Jeremías concerniente a los hijos de Amón. Así habló el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel:
«He aquí, yo haré sonar el clamor de guerra contra Rabá de los amonitas, la cual se ha envanecido en sus montañas, confiando en sus rocas escarpadas. Ella dice en su corazón: ‘¿Quién vendrá contra nosotros?’. Pero será convertida en un montón de ruinas, y sus aldeas serán consumidas por el fuego. Entonces Israel heredará lo que heredaron aquellos que lo desposeyeron», dice el Señor.
«Ay de ti, pueblo de Amón, que te jactas en tus valles, que confías en tus tesoros. Dices: ‘¿Quién nos atacará?’. He aquí que yo traigo terror sobre ti desde todos tus alrededores», declara el Señor Dios de los ejércitos. «Y seréis dispersados cada cual por su camino, sin que haya quien recoja a los fugitivos».
Pero después de esto, yo haré volver el cautiverio de los hijos de Amón. Porque se han ensanchado contra Mis tierras, levantando sus voces con gritos de guerra, sacando los ojos a los que pasaban, y no guardando los límites de Israel.
He aquí, como águila que vuela veloz, así vendrá el despojador sobre ti. Los valientes de Amón se vestirán de dolor, y sus corazones desfallecerán como mujer en trabajo de parto. ¿Por qué se jactan de su fuerza? Sus guerreros caerán por la espada, y sus príncipes serán llevados cautivos.
En aquel día, el sonido del shofar de guerra resonará sobre las murallas de Rabá. Las llamas devorarán sus palacios, y el humo de su quema subirá al cielo como ofrenda quemada al Señor. Las doncellas de Amón llorarán en las plazas, y los ancianos se sentarán en tierra cubiertos de cilicio.
Los ídolos de Milcom serán quebrantados, y sus sacerdotes gemirán delante de sus altares despedazados. Porque han enseñado a confiar en vanidades, y han hecho que el pueblo peque contra el Dios vivo.
La tierra de Amón se volverá desolada, habitación de chacales y aves nocturnas. Donde antes había ciudades populosas, solo quedarán espinos y cardos. Los viajeros se detendrán atónitos, silbando ante tanta desolación.
Mas he aquí la misericordia del Señor: aunque los castigue, no los consumirá del todo. Como el pastor busca su rebaño, así yo buscaré al remanente de Amón en el día de Mi ira. Y volverán a edificar sus ciudades, aunque nunca recobrarán su antigua gloria.
Porque el juicio del Señor es verdadero y justo. Él quiebra el arco de los soberbios, pero levanta a los humildes. Amón aprendió esta lección con fuego y espada, y su memoria quedó como advertencia para las naciones que se levantan contra el Dios de Israel.
Y Jeremías escribió todas estas palabras en un rollo, y fueron leídas delante del pueblo, para que supieran que el Altísimo gobierna sobre los reinos de los hombres, y da el poder a quien Él quiere.




