Biblia Sagrada

Linaje Real de Benjamín

Había un hombre llamado Benjamín, cuyo nombre resonaba como el hijo predilecto de Jacob, aquel cuyo nacimiento le costó la vida a su amada Raquel. De este patriarca nació Belá, su primogénito, y de Belá surgió una estirpe que se extendería como las ramas de un olivo centenario en la tierra prometida.

En los días cuando los jueces aún gobernaban a Israel, nació en la tribu de Benjamín un varón llamado Ajer, hijo de Gera. Este Ajer sería recordado como el padre de Husim, pero su linaje quedaría marcado por la sombra de los acontecimientos venideros. Pues de su descendencia nacería un hombre de carácter complejo, cuyo nombre susurrarían con temor las generaciones futuras.

Los años pasaron como el fluir del Jordán, y en la ciudad de Gabaa nació Saúl, hijo de Quis, de la familia de Matri. El Altísimo, en Su designio misterioso, eligió a este benjamita para ungirlo como el primer rey de Israel. Samuel, el profeta de Dios, derramó el aceite santo sobre su cabeza mientras el Espíritu del Señor descendía sobre él como paloma celestial.

Mas la casa de Saúl se ramificó como viñedo en primavera. Jonatán, su hijo amado, engendró a Merib-baal, quien a su vez fue padre de Micaías. De Micaías surgieron Pitón, Melec, Tarea y Ahaz. Este Ahaz concibió a Jara, quien engendró a Alemet, Azmavet y Zimri. Zimri, a su vez, dio vida a Mosa.

No obstante, el linaje benjamita se extendía más allá de la casa real. Naamán, Ahías y Gera—este último fue quien deportó a Manasés, cumpliendo los designios del Eterno cuando la infidelidad del pueblo llegó a Su presencia como incienso de idolatría.

Uzías, hijo de Micri, destacó entre sus hermanos como ciprés entre arbustos. Engendró a Ela, quien a su vez concibió a Baana. Este Baana fue padre de Refaías, cuyo hijo Elasa engendró a Azel.

Azel tuvo seis hijos cuyos nombres resonaron en los anales de la tribu: Azricam, Boquerú, Ismael, Searías, Obadías y Hanán. Cada uno de estos varones edificó su casa y engendró hijos e hijas, poblando las tierras heredadas de sus padres.

De la simiente de Esdras surgió Jeuel, cuyo hermano Maaseías engendró a Semira. Este Semira concibió a Zacarías, padre de Iddo, abuelo de Zabad y bisabuelo de Ahi.

Pero hubo un varón cuyo nombre brilló con luz propia entre los benjamitas: Mesulam, hijo de Sefatías. Este hombre justo caminó en los estatutos del Señor y engendró a Yadan, padre de Reguem, abuelo de Baana y bisabuelo de Sefatías.

En los campos de Moab, donde Rut la moabita encontró gracia ante Booz, los benjamitas también echaron raíces. Sesac, hijo de Jeroham, habitó en Nebo y engendró varones robustos como robles de Basán.

La tribu de Benjamín, como viña del Señor, produjo uvas tanto dulces como amargas. Algunos de sus hijos se destacaron como valientes guerreros cuando David ocultaba su unción real en las cuevas de Adulam. Otros, sin embargo, prefirieron habitar en Jerusalén cuando la ciudad santa comenzaba a brillar como faro en la colina.

Los hijos de Elpaal—Eber, Misam, Samed, Hierbaal, Seorim y otro Elpaal—edificaron Ono y Lod con sus aldeas circundantes. Sus espadas protegieron las fronteras y sus arados abrieron surcos en la tierra fértil.

Berías y Semas, cabezas de las familias de los habitantes de Ajalón, expulsaron a los habitantes de Gat con la fuerza que Jehová les concedía. Sus hermanos, valientes como leones del Jordán, habitaron en Jerusalén junto a sus parientes, formando un muro viviente alrededor de la ciudad del gran Rey.

Así la genealogía de Benjamín se extendió como río que atraviesa el desierto, llevando en su corriente historias de fidelidad y rebelión, de triunfos y fracasos, pero siempre bajo la mirada del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, quien jamás abandonó el pacto hecho con sus padres.

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