Biblia Sagrada

La Viña del Señor: Parábola de Justicia y Juicio (Note: The title is 47 characters long, within the 100-character limit, and all symbols like asterisks and quotes have been removed.)

**La Viña del Señor: Una Parábola de Justicia y Juicio**

En los días del profeta Isaías, cuando Judá aún se erguía como un reino bajo la mirada de Dios, el Señor habló a su pueblo con una parábola llena de significado. Era una historia de amor y decepción, de cuidado y rebelión, que resonaría a través de los siglos como advertencia y llamado al arrepentimiento.

### **El Cuidado del Viñador**

Había una vez un hombre que poseía un fértil terreno en la ladera de un monte, donde la tierra era rica y el sol acariciaba las plantas con su calor. Con esmero, este hombre cavó y removió la tierra, quitando las piedras que podían obstaculizar el crecimiento de sus plantas. Luego, plantó en ella vides escogidas, las más finas, aquellas que prometían dar el vino más dulce y aromático. Con sus propias manos construyó una torre en medio del viñedo, desde donde los vigilantes podían proteger los frutos de los animales y los ladrones. Incluso talló un lagar entre las rocas, preparando todo para la cosecha que habría de venir.

Este hombre no era un labrador cualquiera. Era el mismo Señor, el Dios de Israel, y su viñedo era el pueblo que Él había elegido como herencia suya. Con paciencia y amor, había plantado a Judá y a Jerusalén en una tierra buena, apartando a las naciones paganas de su camino. Les había dado leyes justas, sacerdotes santos y profetas fieles. Esperaba de ellos frutos de justicia, de misericordia y de fidelidad.

### **La Decepción de los Frutos Amargos**

Llegó el tiempo de la cosecha, y el viñador fue a buscar uvas en su viña. Pero, oh dolor, en lugar de racimos jugosos y dulces, solo encontró frutos agrios, pequeños y deformes. Las vides, aunque frondosas, no habían producido lo que se esperaba de ellas. El dueño del viñedo, con el corazón quebrantado, preguntó:

—*¿Qué más pude hacer por mi viña que no haya hecho?*

El pueblo de Judá, a pesar de todas las bendiciones recibidas, había dado frutos de injusticia. Los gobernantes oprimían a los pobres, los jueces aceptaban sobornos, y los sacerdotes ofrecían sacrificios vacíos, sin corazón arrepentido. La viña del Señor, que debía ser luz para las naciones, se había corrompido. En lugar de justicia, había gritos de opresión; en lugar de rectitud, solo sangre inocente clamaba desde el suelo.

### **El Juicio sobre la Viña Infiel**

Entonces, el Señor pronunció su sentencia sobre aquella viña infiel.

—Ahora les diré lo que haré con mi viña— anunció el Señor con voz solemne. —Quitaré su cerca, y será devorada; derribaré su muro, y será pisoteada. La dejaré convertida en un erial: no será podada ni cavada, crecerán en ella espinos y cardos, y ordenaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella.

Y así sucedió. El juicio de Dios cayó sobre Judá. Las naciones enemigas, como Asiria y más tarde Babilonia, vinieron como tormentas devastadoras. Los ejércitos invasores arrasaron las ciudades, los palacios fueron reducidos a escombros, y el pueblo fue llevado cautivo lejos de la tierra que Dios les había dado. La viña fue abandonada a su suerte, porque había rechazado al que la plantó.

### **La Llamada Final**

Pero incluso en medio del juicio, la misericordia de Dios brillaba como un destello de esperanza. Isaías clamaba al pueblo:

—¡Busquen al Señor mientras pueda ser hallado! ¡Clamen a Él mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, quien tendrá compasión de él, y a nuestro Dios, que es rico en perdonar.

La historia de la viña no terminaba en ruina. Porque el mismo Dios que juzgó a su pueblo prometió un remanente fiel, un vástago santo que brotaría del tronco de Isaí. Y en el tiempo señalado, de aquel linaje nacería el verdadero fruto de justicia: Jesucristo, la Vid verdadera, en quien todos los que creen darán fruto para vida eterna.

Así, la parábola de la viña se convirtió en un espejo para todos los pueblos: una advertencia para los rebeldes, pero también una promesa para los que se arrepienten y confían en la misericordia del Dueño de la viña.

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