**La Celebración de las Fiestas Solemnes**
En los días en que el pueblo de Israel vagaba por el desierto, Moisés, el siervo de Dios, reunió a toda la congregación al pie del monte Sinaí. El Señor había hablado claramente a Moisés, dándole instrucciones precisas sobre cómo Su pueblo debía recordar y celebrar las obras poderosas que Él había hecho en su favor. Entre estas instrucciones, se encontraban las fiestas solemnes que debían ser observadas con reverencia y alegría, como un recordatorio perpetuo de la fidelidad de Dios.
Moisés, con su rostro iluminado por la gloria de Dios, comenzó a hablar al pueblo con voz firme y clara: «Escuchen, pueblo de Israel, el Señor nuestro Dios nos ha ordenado celebrar tres fiestas solemnes cada año. Estas no son simples celebraciones, sino momentos sagrados en los que recordaremos Su bondad y Su poder. Estas fiestas serán como un espejo que refleja la historia de nuestra redención y la promesa de Su presencia continua entre nosotros».
**La Pascua: Un Recordatorio de Liberación**
«La primera de estas fiestas», continuó Moisés, «es la Pascua. En el mes de Abib, cuando la luna esté llena, celebrarán la Pascua en honor al Señor, porque fue en este mes que Él los sacó de Egipto, de la casa de servidumbre. Deben sacrificar un cordero sin defecto, como lo hicieron aquella noche en que el ángel de la muerte pasó sobre las casas de los egipcios, pero no entró en las viviendas de los israelitas que habían marcado sus puertas con la sangre del cordero. Comerán pan sin levadura durante siete días, como símbolo de la prisa con la que salieron de Egipto, sin tiempo para que el pan fermentara. La levadura representa el pecado y la corrupción, y deben eliminarla de sus hogares como un acto de purificación».
El pueblo escuchaba en silencio, recordando cómo Dios los había liberado con mano poderosa y brazo extendido. Moisés les recordó que debían celebrar la Pascua en el lugar que el Señor eligiera para habitar, no en cualquier lugar que les pareciera conveniente. «Deben ir al santuario que el Señor designe, y allí ofrecerán sus sacrificios y compartirán la comida en comunidad, recordando que Él es quien los ha redimido».
**La Fiesta de las Semanas: Gratitud por la Provisión**
«La segunda fiesta», prosiguió Moisés, «es la Fiesta de las Semanas, también conocida como la Fiesta de la Cosecha. Siete semanas después de que hayan comenzado a segar el grano, celebrarán esta fiesta en agradecimiento por las primicias de la cosecha que el Señor les ha dado. Deben presentar una ofrenda voluntaria, según lo que el Señor los haya bendecido. Esta ofrenda no debe ser mezquina, sino generosa, reflejando la abundancia que Él ha provisto».
Moisés les explicó que esta fiesta era un tiempo de alegría y acción de gracias, no solo por el alimento físico, sino también por la provisión espiritual que Dios les daba. «Recuerden que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios», les dijo. «Esta fiesta es un recordatorio de que Él es quien da el crecimiento y la abundancia. Deben celebrarla con sus familias, con los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas que estén entre ustedes, para que todos compartan en la bendición del Señor».
**La Fiesta de los Tabernáculos: Recordando la Provisión en el Desierto**
«Finalmente», concluyó Moisés, «está la Fiesta de los Tabernáculos. Después de que hayan recogido el producto de sus eras y lagares, celebrarán esta fiesta durante siete días. Durante este tiempo, vivirán en cabañas hechas de ramas, como lo hicieron sus antepasados en el desierto. Esto les recordará que el Señor los sostuvo durante aquellos años de peregrinación, proveyendo maná del cielo y agua de la roca. Aunque ahora están entrando en una tierra de abundancia, no deben olvidar que fue Él quien los guió y protegió en el desierto».
Moisés les recordó que esta fiesta también debía ser un tiempo de alegría y gratitud. «Deben regocijarse delante del Señor con sus hijos, sus siervos, los levitas, los extranjeros, los huérfanos y las viudas. Nadie debe ser excluido de esta celebración, porque la bondad de Dios es para todos. Él los ha bendecido, y ahora ustedes deben ser un reflejo de Su generosidad».
**Un Llamado a la Obediencia y la Reverencia**
Moisés miró a la multitud con ojos llenos de compasión y autoridad. «Estas fiestas no son solo rituales vacíos», les advirtió. «Son una expresión de su relación con el Señor. Cuando celebren, deben hacerlo con corazones sinceros, recordando que Él es su Redentor, su Proveedor y su Protector. No deben presentarse ante el Señor con las manos vacías. Cada uno debe traer una ofrenda según lo que haya recibido de Su mano».
También les recordó la importancia de la justicia y la integridad en sus vidas. «No perviertan la justicia ni muestren parcialidad. No acepten sobornos, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y tergiversa las palabras de los justos. Sigan siempre la justicia, y solo la justicia, para que vivan y posean la tierra que el Señor les está dando».
**El Espíritu de las Fiestas**
Moisés terminó su discurso con una exhortación final: «Estas fiestas son un recordatorio de que el Señor es fiel. Él los sacó de Egipto, los sostuvo en el desierto y los está llevando a una tierra que fluye leche y miel. Pero más importante aún, estas fiestas son una sombra de lo que ha de venir. Un día, el Cordero de Dios será sacrificado para la liberación final de Su pueblo. Un día, la cosecha espiritual será recogida, y todos los que hayan confiado en Él serán llevados a Su presencia. Y un día, ya no viviremos en cabañas temporales, sino en la casa eterna que Él ha preparado para nosotros».
El pueblo escuchó estas palabras con reverencia, y muchos corazones se llenaron de esperanza y gratitud. Sabían que estas fiestas no eran solo para recordar el pasado, sino para mirar hacia el futuro, hacia la promesa de un Redentor que vendría a cumplir todas las profecías y a establecer Su reino para siempre.
Y así, el pueblo de Israel se preparó para celebrar estas fiestas solemnes, no como meras tradiciones, sino como actos de fe y adoración al Dios que los había redimido y los seguía guiando hacia Su promesa.