**La Elección de los Doce y el Sermón del Monte**
En aquellos días, Jesús había estado recorriendo las regiones de Galilea, enseñando en las sinagogas, sanando a los enfermos y proclamando el reino de Dios. Multitudes lo seguían de todas partes: de Judea, de Jerusalén, de Tiro y de Sidón. La fama de sus milagros y sus palabras llenas de autoridad se había extendido como el viento, y la gente acudía a Él con esperanza y necesidad.
Un día, Jesús subió a un monte para orar. Era una mañana fresca, y el sol apenas comenzaba a iluminar las colinas que rodeaban el Mar de Galilea. El aire estaba lleno del aroma de las flores silvestres y el canto de los pájaros. Jesús pasó toda la noche en oración, hablando con su Padre celestial. Sabía que el tiempo había llegado para elegir a aquellos que serían sus discípulos más cercanos, los que llevarían su mensaje al mundo después de su partida.
Al amanecer, llamó a sus discípulos y, de entre ellos, escogió a doce, a quienes también llamó apóstoles. Estos eran: Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, a quienes apodó «hijos del trueno»; Felipe y Bartolomé; Mateo, el recaudador de impuestos; Tomás, el que más tarde dudaría; Santiago, hijo de Alfeo; Simón, llamado el Zelote; Judas, hijo de Santiago; y Judas Iscariote, quien más tarde lo traicionaría.
Jesús los miró con amor y determinación. Sabía que cada uno de ellos tenía sus debilidades y fortalezas, pero también sabía que, con la guía del Espíritu Santo, serían instrumentos poderosos para la obra de Dios. Les dijo: «Ustedes son la luz del mundo. No pueden esconderse. Como una ciudad sobre un monte, deben brillar ante los hombres para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos».
Después de elegir a los doce, Jesús descendió del monte con ellos y se detuvo en un lugar llano. Allí, una gran multitud lo esperaba. Había gente de todas las edades y condiciones: enfermos, afligidos, pobres, ricos, fariseos y publicanos. Todos querían escuchar sus palabras y tocar su manto, pues sabían que de Él salía poder para sanar.
Jesús se sentó, y sus discípulos se reunieron alrededor de Él. La multitud se acercó, y Él comenzó a enseñarles con palabras que resonaban en sus corazones como el sonido de un río caudaloso. Este discurso sería conocido más tarde como el «Sermón del Monte».
«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos», comenzó Jesús. Sus palabras eran como un bálsamo para los oprimidos, una promesa de esperanza para aquellos que habían sido marginados por la sociedad. «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra».
La gente escuchaba en silencio, asombrada por la profundidad de sus palabras. Jesús continuó: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios».
Luego, Jesús miró a los ojos de aquellos que sufrían persecución y les dijo: «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados serán cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban su nombre como malo por causa del Hijo del Hombre. Alégrense en ese día y salten de gozo, porque grande es su recompensa en los cielos».
Pero Jesús no solo habló de bendiciones. También advirtió sobre los peligros de la hipocresía y el egoísmo. «¡Ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que están saciados ahora, porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán y harán duelo! ¡Ay de ustedes, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes, porque así hacían sus padres con los falsos profetas!»
Sus palabras eran como un espejo que revelaba las intenciones del corazón. Muchos se sintieron confrontados, pero otros encontraron consuelo y dirección. Jesús les enseñó a amar a sus enemigos y a hacer el bien a aquellos que los odiaban. «Amen a sus enemigos, hagan bien a los que los aborrecen, bendigan a los que los maldicen y oren por los que los calumnian», dijo. «Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica».
La multitud estaba asombrada. Nunca habían escuchado enseñanzas tan radicales y transformadoras. Jesús les habló de la importancia de no juzgar a los demás, de perdonar y de dar generosamente. «Den, y se les dará; medida buena, apretada, remecida y rebosante darán en su regazo», les prometió. «Porque con la medida con que midan, se les medirá».
Finalmente, Jesús les advirtió sobre la importancia de construir sus vidas sobre un fundamento sólido. «¿Por qué me llaman ‘Señor, Señor’, y no hacen lo que yo digo?», preguntó. «Todo aquel que viene a mí y oye mis palabras y las pone en práctica, les diré a quién es semejante: es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundo y puso el cimiento sobre la roca. Cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Pero el que oye y no pone en práctica es semejante a un hombre que edificó su casa sobre la tierra, sin cimiento. Cuando el río dio con ímpetu contra ella, al instante cayó, y fue grande la ruina de aquella casa».
Cuando Jesús terminó de hablar, hubo un silencio reverente. Algunos se fueron reflexionando sobre sus palabras, otros se acercaron para ser sanados, y los discípulos comenzaron a entender la magnitud de su llamado. Jesús los miró con compasión y les dijo: «Vayan y hagan discípulos de todas las naciones, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado. Y yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo».
Así, en aquel monte, Jesús no solo eligió a sus doce apóstoles, sino que también les dio las bases de una vida transformada por el amor, la gracia y la verdad. Sus palabras resonarían a través de los siglos, guiando a incontables generaciones hacia el camino de la vida eterna.