**La Caída de Nínive: Un Juicio Ineludible**
En los días antiguos, cuando las naciones se alzaban y caían bajo la mirada del Dios Altísimo, la ciudad de Nínive, capital del poderoso Imperio Asirio, se erguía como una fortaleza imponente. Sus muros eran tan altos que parecían rozar el cielo, y sus calles estaban llenas de riquezas saqueadas de pueblos conquistados. Nínive era temida por todos, pues su ejército era implacable, y su crueldad no conocía límites. Sin embargo, el Señor, que es justo y verdadero, no pasaría por alto la maldad de esta ciudad. A través del profeta Nahum, Dios pronunció un juicio severo contra Nínive, anunciando su caída inevitable.
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**La Ciudad Sangrienta**
Nínive era una ciudad manchada de sangre. Sus gobernantes se jactaban de sus conquistas, y sus calles estaban impregnadas del sufrimiento de los inocentes. Los asirios habían sembrado el terror entre las naciones, destruyendo ciudades enteras y llevándose cautivos a hombres, mujeres y niños. Sus líderes se regocijaban en la violencia, creyendo que su poder era invencible. Pero el Señor, que ve todas las cosas, declaró: «¡Ay de la ciudad sanguinaria, toda llena de mentira y de rapiña, sin apartarse del pillaje!» (Nahum 3:1).
El profeta Nahum describió con palabras vívidas el destino que aguardaba a Nínive. «¡Chasquido de látigos, estruendo de ruedas, caballos que galopan, carros que saltan! ¡Jinetes que cargan, resplandor de espadas, brillo de lanzas, multitud de muertos, montones de cadáveres, cuerpos sin fin, tropiezan en los cuerpos!» (Nahum 3:2-3). La imagen era clara: el juicio de Dios llegaría como una tormenta imparable, y Nínive sería arrasada.
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**La Corrupción de Nínive**
Pero no solo la violencia marcaba a Nínive; también estaba corrompida por la idolatría y la prostitución. La ciudad se había entregado a prácticas abominables, adorando a dioses falsos y seduciendo a otras naciones con sus engaños. Nahum comparó a Nínive con una ramera astuta y seductora, cuyos encantos habían llevado a muchos a la ruina. «A causa de las muchas fornicaciones de la ramera de hermosa gracia, maestra de hechizos, que vendía naciones con sus fornicaciones y familias con sus hechizos» (Nahum 3:4).
Dios, sin embargo, no se dejaría engañar por las apariencias. Él declaró: «He aquí, yo estoy contra ti, dice el Señor de los ejércitos, y descubriré tus faldas delante de tu rostro, y mostraré a las naciones tu desnudez, y a los reinos tu vergüenza» (Nahum 3:5). La humillación de Nínive sería completa, y su gloria se convertiría en vergüenza.
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**El Juicio Ineludible**
El profeta continuó describiendo el castigo que caería sobre Nínive. «Y echaré sobre ti inmundicias, y te afrentaré, y te pondré como espectáculo» (Nahum 3:6). La ciudad que una vez fue temida sería objeto de burla y desprecio. Aquellos que la veían caer se preguntarían: «¿Dónde está la guarida de los leones, y el lugar de pasto de los cachorros de los leones, donde se paseaba el león, la leona y el cachorro del león, y no había quien los espantase?» (Nahum 3:11). Nínive, que se comparaba a sí misma con un león feroz, sería derribada y abandonada.
Dios recordó a Nínive el destino de la ciudad de No-Amón (Tebas), en Egipto, que también había sido poderosa pero cayó bajo el poder de sus enemigos. «¿Eres tú mejor que No-Amón, que estaba asentada entre los ríos, rodeada de aguas, cuyo muro era el mar, y su muralla las aguas?» (Nahum 3:8). Si una ciudad tan fortificada como Tebas había sido conquistada, ¿cómo escaparía Nínive del juicio divino?
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**La Desesperanza de Nínive**
Nahum pintó un cuadro desolador de la caída de Nínive. «Tus heridas son incurables; tu herida es gravísima. Todos los que oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu maldad?» (Nahum 3:19). La ciudad que había sembrado el terror ahora experimentaría el terror mismo. Sus defensas serían inútiles, y sus aliados la abandonarían. «Tus fortalezas son como higueras con brevas; si son sacudidas, caen en la boca del que las ha de comer» (Nahum 3:12).
Los líderes de Nínive, que una vez se creían invencibles, huirían como langostas que se dispersan al viento. «Tus príncipes son como langostas, y tus capitanes como enjambre de langostas que se posan en los vallados en día de frío; salido el sol, se van, y no se sabe el lugar donde están» (Nahum 3:17). No habría escape ni refugio para ellos.
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**El Silencio de Nínive**
Al final, Nínive quedó en silencio. Sus mercados, una vez llenos de bullicio y actividad, yacían desiertos. Sus templos, donde se adoraban ídolos, fueron reducidos a escombros. «No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable. Todos los que oigan tu fama batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu maldad?» (Nahum 3:19).
El juicio de Dios se cumplió tal como lo había anunciado. Nínive, la ciudad sanguinaria, cayó bajo el peso de su propia maldad. Y aunque su poder parecía indestructible, no pudo resistir la mano del Señor, que es justo y verdadero.
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**Reflexión Final**
La historia de Nínive nos recuerda que ningún imperio, por poderoso que sea, está por encima del juicio de Dios. La maldad y la violencia no quedarán impunes, y aquellos que se enaltecen contra el Señor serán humillados. Pero también nos muestra la misericordia de Dios, que advierte antes de actuar, dando oportunidad para el arrepentimiento. Aunque Nínive no escuchó, nosotros tenemos la oportunidad de volvernos a Dios y buscar su rostro, pues Él es paciente y desea que todos lleguen al arrepentimiento.